ADCC N°5 «No creas en imagen ni en palabra… la mentira… la inconsecuencia»

Queridas ciudadanas y ciudadanos del planeta:

Hoy no me presento ante ustedes tras una puesta en escena diseñada para la seducción electoral. Durante décadas, la política se redujo a eslóganes vacíos y mercadotecnia, una estética estéril usada para ocultar la ausencia de proyectos reales y ejecutables. Nos acostumbraron a habitar la hiperrealidad: un estado donde las imágenes de la propaganda reemplazaron a la realidad del pueblo.

Ese simulacro termina hoy.

En nuestro gobierno, el bienestar no es una «felicidad empaquetada» por el consumo o la publicidad. Es el compromiso inquebrantable con la dignidad, los derechos humanos y la justicia social:

Ejes Fundamentales del Nuevo Gobierno

Garantía Incondicional de Derechos: La salud, educación, vivienda y cultura son derechos inalienables, no mercancías de estatus ni adornos constitucionales. Nadie será postergado por el aparato estatal.

Fin a la Represión y Manipulación: La fuerza pública abandona la represión para resguardar estrictamente a la ciudadanía. Erradicamos las fake news, los medios oligárquicos y las decisiones vendidas al mejor postor.

Pluriculturalidad y Colectividad: Dejamos atrás la polarización impuesta para conectar con la tierra, nuestras raíces y la construcción comunitaria.

No les pido fe ciega en mi imagen ni en mis palabras. Les exijo escepticismo vital. El pensamiento crítico es la única defensa de la sociedad frente al engaño y el motor de una democracia auténtica. Cuestionen a este gobierno, fiscalicen cada paso y mantengan la mirada despierta.

Ustedes no son consumidores de este discurso, sino arquitectos de la realidad. Gobernaremos con la verdad, porque solo desde la autenticidad construiremos la dignidad de todo el pueblo.

Muchas gracias, gente del mundo.

«No creas en imagen ni en palabra… la mentira… la inconsecuencia»

Han pasado más de cien días desde que estalló todo en el país y el ambiente se siente bastante denso, ¿verdad? Nos encontramos atrapados en un mar de discursos políticos, promesas vacías y titulares sensacionalistas. Jean Baudrillard lo explicó perfecto: vivimos en un imperio del simulacro donde la imagen reemplazó lo real. Ya no consumimos objetos ni propuestas reales, sino meros signos de estatus, marcas e ilusiones empaquetadas. Miras la televisión o abres las redes sociales y lo único que ves es propaganda diseñada para seducir. Se compran identidades de diseño mientras la calle exige dignidad y cambios concretos que jamás llegan. Nos venden una felicidad prefabricada como si fuera una hamburguesa perfecta de anuncio publicitario. Pero al abrir la caja, la realidad golpea con una versión aplastada, engañosa y desprovista de sustancia. Por eso, la frase «no creas en imagen ni en palabra» se vuelve un escudo esencial para no caer. Hay que desconfiar de los íconos de plástico y de la estética que intenta disfrazar la falta de contenido.

El problema de fondo es que la política actual aprendió a manipular el deseo a través del marketing visual. Los discursos se han vuelto fetiches vacíos cargados de emoción, pero totalmente desprovistos de un plan real. Vemos discursos absolutistas, rostros sonrientes en pancartas y máscaras que cambian según sople la conveniencia. Las fake news, los bots en redes y la televisión basura terminan sofocando cualquier debate que sea genuino. Nos hablan de democracia y civismo, pero a la hora de la verdad, entregan el voto al mejor postor. Frente a semejante montaje, el existencialismo nos urge a despojarnos de esas etiquetas que nos imponen. Existir de manera auténtica significa rebelarse contra esa vida de diseño y cuestionar lo establecido. No se trata de caer en un cinismo amargado, sino de mantener una duda sistemática y sumamente viva. La libertad empieza cuando dejamos de comprar la ilusión y empezamos a mirar con criterio reflexivo. Rechazar el simulacro es la única forma de no perder la cabeza en medio de tanta estrategia publicitaria.

Para hacer frente a todo este enredo mediático, la Asamblea del Cómic Constituyente propone una salida clara. Utilizar la historieta como un arma de pensamiento crítico y un espacio de resistencia comunitaria e ideas. El proceso parte por mirar la contingencia: revisar los memes, las noticias, la rabia y las historias diarias. Luego se traduce toda esa marejada de conceptos en un guion con identidad, honestidad y fuerza narrativa. A través del layout y el boceto, el creador va ordenando el caos social sobre la página en blanco. Finalmente, el entintado y los globos de texto le dan voz a una juventud que se niega a ser formateada. El dibujo no busca adornar ni engañar, sino desmantelar los engaños del poder con trazos de verdad. Así, la viñeta deja de ser simple entretenimiento y se convierte en un refugio vital para la gente. En tiempos de posverdad, dibujar la realidad tal cual constituye un acto de profunda autenticidad. Cuestionar las imágenes creadas por otros es el primer paso para comenzar a escribir nuestra propia historia.

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